¿Cómo parar cuando llevamos toda una vida corriendo?
- Erika Leguel
- Jan 30
- 11 min read
Updated: Feb 4
Una guía para aquellos que quieren regresar a un ritmo más natural y no saben por dónde empezar.
¿Has sentido el llamado hacia una vida más lenta y consciente? ¿Quieres regresar a un ritmo más natural de vida? ¿Este estilo de vida te ha estado llamando por un tiempo ya? ¿Sueñas con mañanas tranquilas, transiciones suaves y noches calmadas? ¿Tu cuerpo te ha pedido que pares en más de una ocasión, enfermándose o por medio de accidentes o lesiones? ¿Entiendes el poder y la necesidad de frenar y cambiar de ritmo, pero no sabes cómo hacerlo?
No te preocupes, no estás solo. Eres humano en un mundo que va rápido y que rara vez nos ha hecho ver la importancia y el poder que existen en calmar nuestro paso —hasta ahora—.
Hay un movimiento rebelde, contracultural, intuitivo y muy atractivo para todos los que estamos listos para ponerle un alto a esta rueda sin freno de quehaceres, responsabilidades, demandas, deberes y culpas: el movimiento de la vida lenta y consciente, o Slow Living.

Si eres como yo, te cautivan los muchos videos, reels e historias de individuos que han dejado la agitada vida de ciudad para irse a vivir a zonas más rurales o menos pobladas, y que parecen haber encontrado el secreto para vivir una vida sin prisa que puedan disfrutar. Yo soy fan y consumidora fiel de este tipo de contenido.
Ver o leer las historias de aquellos que valerosamente han aprendido a resistir el hambre y deseo por más, y han encontrado felicidad en tener y hacer menos, me motiva e inspira. Pero no siempre fue así: hasta hace poco, el aprender acerca de esta forma de vida creaba en mí un anhelo y antojo que caminaban muy de la mano de la envidia y de la necesidad de compararme constantemente con otros.
Al ir soltando los sentimientos que me separan de esta anhelada forma de vida, empiezan a surgir preguntas en este corazón bienintencionado que a menudo va tan rápido: ¿Cómo puedo empezar a vivir más lenta y conscientemente en donde me encuentro en este momento? ¿Cómo puedo adoptar los ritmos románticos del campo y de un trabajo creativo mientras vivo en una gran ciudad y uso transporte público para moverme de un lugar a otro? ¿Cómo puedo resistir el querer más y saborear los frutos de tener y hacer menos? ¿Qué significa “menos” para mí, cuánto es suficiente? ¿Qué puedo aprender de todos los amantes y defensores de la vida lenta y consciente, en lugar de tratar de copiar sus esfuerzos, o la falta de ellos, en muchos casos?

Las respuestas surgen de la parte más sabia de mí, de las muchas historias que son testigo de este movimiento, y de la sabiduría ancestral de diferentes culturas, tradiciones y maestros. Y me encanta ver cómo estas tres fuentes no solo se complementan una a otra, sino que se alinean perfectamente.
Parar y pausar
Si queremos saborear la vida y lograr lo que nos proponemos sin prisa, los cuales son los principales objetivos de este movimiento en mi opinión, primero debemos parar y pausar.
Primero que nada, paramos y damos gracias por este llamado que nos invita a vivir de manera más consciente y con más calma y lo que esto significa. Si tenemos la necesidad de frenar y vivir con menos, es porque hemos acumulado y hecho mucho. Convertimos la abundancia en excesos y la vida cotidiana y sus bendiciones en cargas.
Tomamos un momento para dar las gracias porque tenemos el privilegio de decir: “Tengo demasiado; demasiadas cosas, demasiadas responsabilidades y obligaciones en mi trabajo (que, por supuesto, puede referirse al trabajo de ser padres, de cuidar a un ser querido o a cualquier cosa que consideremos trabajo) y demandas de mi vida personal.” Podemos decir:
Gracias por todo lo que tengo. Tengo un trabajo y una vida. Estoy listo para soltar las cargas que he levantado y dispuesto a ver y disfrutar las bendiciones que existen escondidas debajo de estas cargas y las historias que les he asignado.

Después paramos y hacemos inventario de todo lo que tenemos o hacemos en el área de nuestra vida en la que queramos empezar a simplificar (es preferible simplificar un área a la vez). Los expertos recomiendan empezar simplificando nuestro espacio físico y, por experiencia, estoy de acuerdo. Esto no significa que tengamos que volvernos minimalistas para poder disfrutar de una vida más simple y plena, pero sí reconocer que la acumulación de objetos materiales nos complica la vida, nos quita tiempo y espacio, y puede robarnos silenciosamente nuestra paz.
Pausamos para enfrentar la realidad con valor, compasión y gracia, y aceptamos que, efectivamente, tenemos demasiadas cosas o hemos agregado demasiadas tareas a nuestras interminables listas de responsabilidades. Cualquier área con la que queramos empezar, primero hacemos inventario de esa área.
Siéntate un momento con lo que tienes enfrente, de manera física o figurativa, y empieza por perdonarte. Perdónate por haber permitido que las cosas llegaran hasta este punto. —Está bien—, eres humano y todos hemos estado aquí más de una vez. Lo que importa es que tengas la disposición y el valor para dar el primer paso.
Permite que llegue cualquier emoción que surja cuando te enfrentes a la realidad y permítete sentirla. No la alimentes con pensamientos ni le des más vueltas al asunto, y cuando estés listo, déjala ir.

Dejar ir
Ha llegado el momento de dejar ir. Como compartí anteriormente, primero es necesario dejar ir las emociones que acompañan este proceso de simplificar nuestra vida, que, por lo general, son la culpa, el miedo y el sentirse abrumado o incompetente.
El Dr. David R. Hawkins escribió todo un libro dedicado a la técnica de dejar ir, la cual describí brevemente arriba y puede resumirse de la siguiente forma: nota lo que esté presente, permítete sentirlo, no lo alimentes ni le des vueltas, déjalo ir. No puedo dejar de recomendar este libro para todos los que estemos listos y dispuestos para simplificar nuestra vida en todos los niveles: Dejar ir: El Camino de la Liberación.
Vale la pena mencionar que el proceso de dejar ir es continuo y siempre estará presente si somos honestos con nosotros mismos y tenemos el sincero deseo de disfrutar y simplificar nuestra vida.
Por lo general, dejamos ir nuestros miedos, apegos, expectativas, programas, emociones negativas, actividades que nos son necesarias, cosas y, en algunos casos, hasta relaciones, profesiones y nuestra identidad.
Solo tú puedes saber lo que estás listo para soltar y en dónde te gustaría empezar. Pero algo es seguro: si queremos simplificar, tendremos que soltar, empezando por soltar el miedo a soltar.
Estoy dispuesto a soltar todo aquello que no me sirva.

Hacer y tener menos
Una vez que adoptamos este concepto de vivir con menos y empezamos a saborear la libertad que existe en parar y dejar ir, podemos finalmente desacelerar y disfrutar del paisaje y la belleza ante nuestros ojos.
Vivir lento no significa moverse lento, no necesariamente, aunque puedes hacerlo si lo disfrutas. Vivir lento se trata de no apurarse y de disfrutar la vida; moviéndonos a un paso que sea natural para nosotros. El paso varía dependiendo de la persona, la circunstancia y la etapa en la que nos encontremos. Los ritmos naturales pueden moverse rápidamente y, a veces, lo hacen, pero nunca de manera apresurada. Nada en la naturaleza se apresura.
Sin embargo, la mayoría de nosotros fuimos apresurados de niños. Yo sé, por ejemplo, que yo era muy lenta para mi mamá; recuerdo perfectamente cuando me decía de manera cariñosa: “¡Te corre atole por las venas!” y, por supuesto que no la culpo. Ella vivía en un mundo apresurado que yo no podía entender en esos momentos, y a ella también la apresuraron al crecer, y a crecer.
Desde pequeños, se nos inyecta un sentido de urgencia y de prisa. Yo creo que todos los que tenemos o hemos trabajado con niños en algún momento u otro hemos apresurado a un niño, o tenido muchas ganas de hacerlo. Y, claro que a veces es necesario dirigir su atención y ayudarlos a que se concentren, pero podríamos evitar apresurarlos si les diéramos suficiente tiempo para hacer lo que les pedimos, a su tiempo. Sin embargo, a menudo les pedimos que hagan demasiadas cosas, en un ambiente lleno de distracciones y sin darles el tiempo suficiente.

No podemos culparnos; nosotros también crecimos así. Y la verdad es que nos tratamos a nosotros mismos de la misma manera. Si fuimos apurados de pequeños y se nos exigió demasiado, ahora tenemos una voz interior que constantemente nos exige que hagamos y logremos más —¡y que nos apuremos!—

Empezamos a creer que esta es la única forma de vivir. Culpamos a nuestros trabajos, nuestra vida familiar, la ciudad en la que vivimos o a nuestra pareja. La verdad es que somos los únicos que realmente tenemos control sobre nuestros abrumadores horarios, nuestras listas interminables de quehaceres y la velocidad excesiva en la que nos movemos por la vida. Tenemos más libertad de la que nos han hecho creer: siempre podemos decir que no.
Y, efectivamente, decir que no significa dejar ir. Tal vez tenemos que soltar la necesidad de ser valorados por los que nos emplean, nuestros colegas o clientes. O quizás es hora de considerar si todas las actividades a las que nos hemos comprometido y a nuestras familias realmente son necesarias, o dejar ir la necesidad de que todo sea perfecto. Tal vez podemos despedirnos de esa media hora extra de sueño en las mañanas para que podamos disfrutar de una rutina sin prisa, lo que significa despedirnos de esa media hora más de tele o celular. Siempre habrá
algo que debamos dejar ir si queremos volvernos guardianes de nuestro tiempo y nuestra paz.
Quizás lo primero que tengamos que soltar es ese sentido de prisa que llena nuestros días. Tal vez sea hora de sentarnos con la parte de nosotros que constantemente nos presiona y apresura, y le podemos decir: “Gracias por siempre empujarme a hacer y conseguir más, a no perder el tiempo y a no quedarme atrás. Sé que tus intenciones son buenas, pero de ahora en adelante, yo decidiré a qué paso me muevo y a qué me comprometo.”
Como lo mencioné anteriormente, solo tú sabes qué necesitas soltar y lo que se necesita ir o cambiar para que puedas vivir a un paso y un ritmo que sean sostenibles y que te permitan disfrutar y vivir en paz.
Una vez que hemos hecho inventario de nuestras cosas, obligaciones, compromisos, apegos y las voces que nos dicen que no hay tiempo para parar —y poco a poco soltamos lo que no nos sirva o nos dé paz—, lo que es esencial empieza a surgir.

Nos volvemos centinelas de lo esencial: las cosas, actividades, personas y compromisos que le dan valor a nuestra vida y a la que nosotros le damos valor. Las protegemos al reconocer lo que no es esencial y cuando le decimos que no a todo lo que no lo sea.
No todo lo esencial serán nuestras cosas favoritas; sin embargo, mientras sean esenciales, deberán permanecer en nuestra vida, y debemos hacer espacio para ello.
Hacer espacio
Date el tiempo suficiente para hacer las cosas que te son importantes.
Al movernos a través de este proceso de bajar la velocidad y vivir a un ritmo más natural y sostenible, empezamos a vivir con menos: menos cosas, horarios menos densos y menos presión. Ha llegado el momento de hacer más tiempo; de darnos más tiempo.
En el libro Slow Productivity: El arte secreto de la productividad sin estrés, Cal Newport sugiere que bloqueemos el doble de tiempo que originalmente habíamos estimado para hacer las cosas que queremos o necesitamos hacer y así poder hacer planes que se puedan completar a un ritmo más a gusto. Él afirma, y yo estoy de acuerdo, que nosotros, los humanos, somos muy optimistas cuando se refiere a calcular el tiempo que nos toma hacer cada cosa. Aunque el libro está enfocado en el sector de trabajadores intelectuales, yo creo que es cierto para todos; sino, ¿por qué otra razón pondríamos tantas tareas en nuestras listas de pendientes, si no es porque creemos —o esperamos— que nos dará tiempo de cumplirlas de alguna u otra manera?
Así que lo que sea que queramos incluir en nuestro día, nos debemos dar el tiempo suficiente para hacerlo: el doble de lo que estimamos.
La vida y los contratiempos pasan, ¡y así queremos que sea! Para eso estamos aquí. Es justo en esos momentos impredecibles cuando llegan la magia y las sincronicidades. Queremos tener tiempo para platicar con la persona que está a nuestro lado mientras esperamos en la fila. Queremos hacer espacio para estar con nuestros hijos cuando se caen y ayudarlos con calma. Debemos aprender a aceptar que, si estamos atorados en el tráfico o perdimos el tren, es porque así debió de ser, aunque no lo entendamos. Es mucho más fácil aceptar estos contratiempos cuando nos damos el tiempo de hacerlo.
Me encantan las palabras y el lenguaje. Nota cómo decimos “darnos más tiempo”, lo cual implica que nadie más nos puede dar tiempo o permiso para movernos a un paso más natural y en sintonía con los altibajos de la vida.
Date el regalo de una vida sin prisa y bien vivida que puedas disfrutar.

Sé que al principio este estilo de vida nos puede parecer imposible de alcanzar. La lista de excusas que nos damos puede ser incluso más larga que nuestra lista de tareas, pero, una vez que soltamos el sinfín de razones por las cuales creemos que nos es imposible parar, podemos empezar el camino hacia una vida más simple y tranquila, en sintonía con nuestros ritmos naturales; un camino que nos lleva de vuelta a nosotros mismos.
Sé que es posible porque yo estoy andando ese camino. Una vez que solté mi resistencia a parar —parar de comprar cosas que no necesito, parar de estar ocupada, parar de apurarme y parar de decirme que no podía parar—, el tiempo comenzó a moverse a una velocidad distinta.
Llevaba toda una vida corriendo. ¿A dónde y de qué? No lo sé. Lo que sí sé es que, una vez que paramos de correr, todo se empieza a acomodar a nuestro alrededor. Nuestra visión ya no es borrosa; tenemos claridad. Nuestra respiración y nuestro corazón se adaptan a un paso más calmado. Empezamos a notar lo que habíamos pasado desapercibido mientras corríamos. Nos tropezamos menos, tiramos menos cosas y las caídas ya no duelen tanto. Podemos escuchar mejor y empezamos a oír lo que antes nos era imperceptible, como nuestra voz interior. Nos podemos permitir sentir lo que esté presente. Y nos podemos dar el tiempo y el espacio para disfrutar la vida y enfrentar los desafíos con aceptación y gracia.

Acabo de comenzar este viaje, aunque me había estado llamando por un tiempo, y puedo decir con honestidad que empiezo a cosechar los frutos en este camino hacia una vida más plena y con calma y a notar la diferencia. Si yo pude empezar, tú también puedes.
Me considero alguien que aspira a vivir desde lo esencial, no una minimalista ni una practicante experta del Slow Living. Tengo lo que estoy segura que muchos consideran demasiada ropa y zapatos, y aun no sé viajar ligero. De vez en cuando me siento apresurada y aun siento un ligero sentido de culpa cuando “no hago nada”. A pesar de eso, estoy aprendiendo a aceptar todo esto como parte del proceso y a no obsesionarme con la cantidad de cosas que tengo o a compararme con otros, lo cual solo genera más culpa y un sentido de incompetencia; mejor dejo que mi motivación nazca del compromiso que he hecho conmigo misma de seguir soltando todo lo que no me sirva o le agregue valor a mi vida o a la vida de otros, de no adquirir más cosas innecesarias o seguir diciéndole que sí a actividades que no apoyen este estilo de vida y a seguir parando, pausando y siguiendo un ritmo más natural y tranquilo, sin culpa y sin miedo.
Así que, aunque no haya llegado a la cima de esta montaña, este sentido de autoaceptación y compromiso hacia un vivir más lento me llena de calma y hace que esta aventura se sienta más ligera y llevadera.
Al final de cuentas, no se trata de tendencias o números, de dónde vivimos o a qué nos dedicamos. Se trata de vivir con un firme compromiso hacia la sencillez, el gozo, la paz, el servicio, el amor y la belleza. Lo que sea que hagamos y cuál sea el paisaje que veamos por nuestra ventana, podemos elegir pausar, bajar la velocidad y simplificar desde un lugar de aceptación y compasión, en lugar de auto-rechazo o comparación, y de darnos el tiempo, el espacio y el permiso de hacerlo.
¿Qué estás listo para soltar para que tú también puedas empezar este viaje?

Puedes encontrar inspiración en el libro de Greg McKeown, Esencialismo: Logra el máximo de resultados con el mínimo esfuerzo que explora el poder de enfocarse en lo que realmente importa.
Si sientes el llamado a parar de correr, dejar ir y regresar a tu Ser, te invito a explorar mi trabajo. Juntos podemos crear un espacio de serenidad y claridad y descubrir prácticas que te apoyarán para vivir de manera más plena y sencilla y en sintonía con tu naturaleza.



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